lunes, 6 de marzo de 2017

Verdugo de tinta y papel

Como la página doblada de un libro 
te hiciste esquina en mi memoria 
para que no dejara de leerte
en la soledad de la lectura.

Desde la ignorancia que conceden 
los momentos para decidir, 
pronto la cena no sería nuestra 
ni lo refrescos o las cervezas.

Descubrí la sombra amarga de la vida;
la que te acuna mientras lees un poema 
o la que canta ciertas canciones 
en el oído de un cuerpo extraño.

Te recordé como un trozo de cristal,
el mismo con el que me corté 
en madrugadas cuando aún no sabía
que me había desangrado por palabras.

En el momento que decides ser verdugo 
de la hoja de un libro para doblarla
-con indiferencia al tiempo-
has de saber que siempre quedará marca.

La ironía que se le concede a la vida 
es que la belleza de los libros con historia 
llenos de marca e incluso rotos 
son mis libros favoritos.

Aunque nunca me ha gustado
ser yo la que 
doble, escriba o marque 
en la vida de un libro.

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