sábanas con gesto revuelto
manchadas de rojo y negro,
me he despertado esta mañana.
Intentando no pisar el suelo
lleno de recuerdos que ha dejado la noche.
Dentro del bolso, los teléfonos sin nombre
en papeles que lloran una ausencia.
La tarde encierra el asesinato
dentro de un bar
y salpicado de Ginebra.
La ropa desvela los arañazos
con voz de caricia
de un depredador que se hace pasar por presa
por la satisfacción de huir de su cuerpo
enterrado en pañuelos de papel.
En el frío de la palabra adiós
cuando no se pronuncia en voz alta,
o en el recuerdo de una noche
plagada por el destierro.
Alegué defensa propia.
Porque era
o tu recuerdo
o mi memoria
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