No puedo escribir. Las letras
danzan alrededor de mi cabeza y se apagan al coger papel. Me atormentan en la
noche y en el día. Las olvido, hasta que pasa una imagen tocándome, sutilmente,
la pupila con la que observo las imágenes que se convierten en palabras. En ese
momento vuelven a mí. Danzan y danzan con letras afiladas que se van clavando
en mí ser y yo no puedo pararlas. No puedo escribirlas y me acosan.
Me marchito a destiempo porque
nunca fui una flor. Porque nunca florecí.
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