El viento arrastra telas de
araña,
– nociva tempestad de escharcha –
Golpea, gime y sangra
hasta llegar a las pestañas.
La noche se ha despertado
entre sábanas arrugadas.
Tocan, acarician y se clavan
las estrellas en la espalda.
La triste historia se repite,
la triste historia no se acaba.
Los jinetes cabalgan solos,
los caballos trotan la montaña.
El frío usurpa la cama
con farolillos apagados
colmados de copos de plata.
El cielo se recuesta en la
madrugada.
La luna – loba solitaria –
vuelve a casa.
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